jueves, 5 de junio de 2014

Sigue respirando

A ti, tierra quemada, te digo adiós mientras entierran los casquillos de las balas en tus entrañas. A ti, esperanza perdida, te doy el beso más triste de despedida. Y a ti, piel torturada, te doy las gotas de sangre que mi cuerpo derrama.

Viajo sola y sin dueño. Viajo sin prisa y sin consuelo, viajo para desgastar mis huesos.
Viajo, tierra mía, porque de llagas voy a llenar mis manos y estos pulmones se pudrirán mientras trabajo. Adiós, montañas verdes y raíces secas, hoy ya no volveré a tener las mejillas rosadas como cerezas, hoy ya no volveré a apreciar tus bonitos amaneceres.

Hoy los ríos que alberga tu vientre, no volverán a apagar mi sed. Me voy para siempre, tierruca, me voy para no volver. Me voy bien lejos, me voy a una mina, me voy a ganar el pan que nos robaron y que nos correspondía cada día. No puedo quedarme, cuna mía, porque más no has resistido. Ocuparon tu sitio y te han vencido. Esos hombres, que llegaron del país del billete verde que todo lo justifica y lo mueve, sólo distinguen entre entre opresores y oprimidos, entre esclavos y patricios, entre pobres y ricos. Y ya sabes que ellos no van a trabajar tus campos de lino.

No voy a regar tus campos, tierra, con el agua salada de mis ojos; ya han sido humedecidos con sangre obrera e inocente, ya la han hecho árida con sus despojos. Han rapiñado todo lo que han podido, no han dejado la posibilidad de ser resistente porque ya han exterminado a todos mis vecinos. Me voy, bosques de robles y hayas, emigraré como los pájaros para tener canastas llenas de limones y con su amargor culparme a mí misma de que me vaya. Os abandono, prados verdes, ya no habrá ganado ni persona subsistente que ahí quede. No podré volver a ver tus cielos azules, porque allí donde voy, no habrá luces. Huyo de ti, lugar de mis costillas, porque me han hecho herida y sé que no tiene cura para la cobardía. Soñaré con que abras tus ojos grises y que por ello, te emancipes.

Hoy te han arrebatado el olor a café y lavanda, te han dejado en cenizas y sin fragancia. Te han marchitado con sus armas y rugidos, nos han desposeído de nosotros mismos. Somos cadáveres andantes que aún no han comido y que no hablan alto por temor a que les destruyan su nuevo nido. Me he ido, tierra de vendaval, porque no quería ver como te explotaba una multinacional. Pero en cambio, estos latigazos son más fáciles de soportar, porque no te veo sufrir, porque estoy cegada a todo lo demás.

Me fui porque me arrancaron mi hogar. Huí porque no quería volver a ver ese horror nunca más. Marché porque esa tortura no tenía final.

Y hoy, paisaje grisáceo, me arrepiento con todo el alma de haber marchado, porque habría preferido morir en tu esqueleto. Yo soy su mano de obra barata, soy su esclava. Cuando mis tripas gritan, se hacen los sordos. Y además nos han amenazado, se han asegurado de que nos callemos todos. Qué mundo tan loco.

Pero si queda algo de tu esencia en tus restos, desde aquí te estoy diciendo: sigue respirando, amor, sigue resistiendo.

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