lunes, 6 de mayo de 2013

Decadencia: Mar de Espectros

Cristales pequeñitos, hechos polvo, alrededor de mis pies ensangrentados. Me ves con ese vestido traslúcido, vaporoso y blanco, parezco un fantasma del cine clásico. Avanzas temeroso y despacio hacia mi silueta, te relames con sólo ver mi espalda descubierta. Caminas entre la sombra de la habitación con cierto pudor, me ves asomada al ventanal abierto y mi cabello baila con el viento. Desde aquí puedo notar como tus dientes están deseosos de hincarme el cuello. Pero me vuelvo hacia ti, clavándote el océano oscuro y la tormenta de mis ojos en tu pecho. Das pasos hacia mi cuerpo, deseando tocar mis senos, utilizarme como un violín entre tus dedos.

Pero me lanzo a ese vacío sin previo aviso. Quiero lanzar mi cuerpo a ese hoyo de brumas, a ese mar de espectros hambrientos y codiciosos. Que devoren mi carne, mis tristezas y mis males...

...mientras tú los alumbras con la luz de tu Excalibur, horrorizado ante tal festín de cuervos, triste de saber que no eres tú quien me coma. Ves salir de mi esternón hiedras y focos de luz, es tu Excalibur que desea recuperarme a cualquier precio. Pero eso no impide que los espectros me arranquen el alma, soy otra Caperucita que se ha perdido en busca del lobo feroz cuando este decidió esconderse de ella porque la tenía miedo. Y el lobo feroz es quien ha aparecido esta vez, blandiendo una espada y diciendo ser mi príncipe azul para poder colarse entre mis bragas. Pero no, yo no quiero nada de ti, que me devoren ellos si hace falta, pero no tú. Sólo huyo de ti y de tus balas de plata. Eres un cazador disfrazado de presa y yo soy la desgraciada dama en apuros con una chupa de cuero cubierta de tachuelas.

Buceo a ese mar de espectros, a ese mar de queroseno, en el que no podrás nunca alcanzarme, sé convertirme en fantasma cuando nadie, absolutamente nadie, puede encontrarme.

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