lunes, 29 de abril de 2013

Imposición


¿Y qué más me queda? ¿La desolación, el criterio propio, la sangre y el sudor? ¿Dar, ofrecer 

más sangre a una tierra yerma para que el recuerdo brille en el corazón? ¿Necesito otro beso 

para hacerme comprender que el cariño hace más dolorosas las despedidas? ¿Es que acaso 

necesito un astrólogo y un filólogo que me digan que mi cultura, mi lengua y mi casa ha 

muerto? No, no lo creo. Creo que ahora, con eso de la imposición, debo callar todos esos 

pensamientos, con cadenas, sangre y filo.

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