sábado, 9 de marzo de 2013

Sentencia

Delfines cabalgan libremente mi espalda. Pétalos ensangrentados surgen de mis labios arañados. Mis versos quedan grabados en mi boca como hierro candente. Los ojos son dos botones cosidos con alambre sobre la cara. En el pecho no hay carne ni corazón: sólo hueso. En vez de lágrimas, sólo hay gotas de sangre. Soy tan inmensa y horrible porque tú así lo has querido. Azucenas de color púrpura se enredan entre mi maltrecho cuerpo lleno de moratones causados por tu ego y tu capricho. Ya no quedan segundos dorados en los que acariciar tu espalda llena de gotas perladas. Acabas de juzgarme, me encadenas a lo que tu cuerpo pida. Ya no soy tu pequeña princesa, me he destapado ante la cruda realidad: que sólo soy la chica débil, que no soy nada para ti.

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