jueves, 10 de abril de 2014

Violencia

El viento sopla con fuerza entre los tallos y las briznas de un campo de violetas. Todo es un gran mar de hierba. Es una mina de amatistas arrancadas con violencia. Es un territorio conflictivo ente cielo y tierra. Es un lienzo de historias púrpuras, como aquella vez en la que una petaca de whiskey entera se disolvió en mis venas. Y si el viento sopla con fuerza, yo me he roto con destreza, porque me he fragmentado en mil engranajes y cien diminutas piezas. Y todo esto sin saber reconstruir de nuevo mi cabeza. Tengo miedo de colocar las piezas piezas equivocadas en un tablero desconocido en el que no conozco el juego, porque no quiero oír a ninguna reina decir: "¡Jaque mate y que la corten la cabeza!" mientras caigo en otro pozo negro.

No quiero acabar de nuevo en ese campo amoratado, lleno de golpes y crudeza; pues desde el tallo crece el temor y en los pétalos florece la violencia. Y aunque este paisaje parezca un remanso de paz, está tóxico de falsedad, es una trampa de la soledad, un nido de tristeza, que enreda y encarcela con sus hojas a cualquier víctima de una vida de maltrato y maleza.

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