sábado, 23 de febrero de 2013

El Dolor Por El Acantilado Nórdico

Y la lluvia de los tiempos acarició la piel curtida de la vikinga sin destrozar las cálidas pieles que portaba, en un intento de ser una caricia consoladora. Ella alzó su mirada, observándola con odio dijo <<No eres tú a quien necesito>>. Se sentó en la roca y sus enrojecidos ojos continuaron con el llanto. El viento del noroeste acudió, la envolvió en su brisa e intentó serenarla. <<Lárgate, no conseguirás nada>> repuso la guerrera. Las lágrimas cayeron al mar como cristales y el mar la empapó para que sintiera cariño. <<¡Ya basta! No pretendáis ocupar el lugar de mi amado exiliado, nunca estaréis a la altura, aunque muera siempre seré suya>>.

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