jueves, 7 de febrero de 2013

A Soft Breathe: Fatcat Returns to Wonderland - 1. The Cave


April se levantó de su cama, sobresaltada. Tenía un mal presentimiento. Se puso su bata rosada, cubriendo la elegante lencería francesa de satén que llevaba.

Pasó por la sala donde había estado aquella marca satánica. Fue a la habitación del vestidor y se puso unos vaqueros pitillos, una camiseta de tirantes –a través de la cual podías ver sus cicatrices cosidas, pero no curadas-, sus imprescindibles tacones de aguja y su chupa de cuero color cereza.

Se preparó un café solo. Odiaba tener que hacerlo, prepararse la comida y limpiar desde que su criada, Alice, había muerto. Sólo confiaba en David. Siempre que le veía, tenía esa mueca de tristeza infinita en su rostro angelical; y con esa mueca contagiosa pintada en el rostro, se acordaba de May October, su única amiga en ese mundo.

-April –interrumpió David el hilo de sus pensamientos-. He oído la voz. Nos reclama a ambos.-dijo con seriedad. Ella apuró su café y se fue, con prisas y haciendo resonar sus tacones por el parqué, hacia el sótano, junto con él.

En el sótano habían instalado una recreación del estudio de la parte superior del refugio para difuntos; y también la fosa llena de runas con la que habían abierto las puertas del infierno. David se pasaba ahí todo el día, intentando abrir una puerta al mundo de los vivos para poder ver a su amada May October; pero todos sus esfuerzos eran en vano.

-David… ¿qué quiere esa dichosa voz exactamente? –preguntó ella.
-Pues… no tengo ni la menor idea –respondió él.

Las runas y las marcas de la fosa empezaron a brillar con una luz blanca; ellos se introdujeron en la fosa. Ambos no paraban de pensar en que querría la voz y en qué ocurriría a continuación.

Un enorme fuego azulado salió del pentagrama que había en el suelo y se alzó sobre sus cabezas, tomando la forma de un hombre. Ambos estaban impresionados, pero Fatcat no podía parar de mirarle.

-Señorita Fatcat, deje de observar con tanto detenimiento mi falo; deje su depravación para otro momento y atienda mis palabras, igual que usted, pagafantas -llamó de esa manera la atención de David, que se había quedado ensimismado. April notó que si hubiese estado viva en ese momento, se habría sonrojado. David, por su parte, le miró a la cara, desafiante-. Muy bien, queridos míos, en el mundo de los vivos está habiendo problemas –se volvió hacia April-. Uno de tus pacientes, querida, le ha dado por ir devorando a los vivos e infectándolos y…
-¡Eso es imposible! – Ella estalló en cólera- ¡Sabes tan bien como yo que todos mis pacientes fueron asesinados por la zorra de Alice y el gato gordo que me mató estando en vida! –Gritó. Su cuerpo estaba ardiendo de rabia.
-No me interrumpas, pelo arco iris. No he acabado –April se limitó a cerrar su boca, pero se seguía notando en el ambiente lo muy ofendida que estaba-. Tenéis que volver a la vida, con la condición de que erradiquéis a la plaga que vosotros mismos habéis desatado involuntariamente. April, no te lo había dicho y tú no te diste cuenta, pero unos pocos de tus pacientes no fueron sacrificados. Cuando este idiota de pelo rubio abrió las puertas del infierno, ambos mundos estaban abiertos. Por eso tus queridos muertos están ahora en el mundo de los vivos. ¿Alguna duda? –preguntó la voz.
-Podré… ¿Podré ver a Jean? –preguntó David en un susurro.
-Solamente conseguiréis salir de esta si es con la ayuda de May October.-respondió la voz. David sonrió para sí mismo.
-Pero… nosotros somos zombies, ¿Cómo vamos a ir paseándonos por el mundo de los vivos? –dijo ella.
-Volveréis a vuestro estado anterior.
-Pero…
-No hay nada más que decir. Vais a aparecer en Londres en tres, dos, uno…

Hubo un fogonazo blanco que los cegó por un largo momento. La regeneración de los dos cuerpos había transcurrido en apenas unos segundos. Aturdidos, oyeron el sonido del tráfico y notaron como la lluvia empapaba sus cuerpos desnudos.

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