miércoles, 16 de enero de 2013

Una Pizca De Arrepentimiento

Bipa salió de la cueva de Maga sin haber entendido del todo sus palabras. Fuera la esperaba Aer.

-Me han dicho que Maga no está bien -dijo-. Y que en gran parte es culpa mía, por haberme marchado.
-Es verdad -afirmó Bipa sin piedad-. Es culpa tuya por haberte marchado.

Aer suspiró.

-Lo cierto es -dijo- que no hay nada como estar lejos del hogar para descubrir cuánto lo añoras.
-Me alegra saber que vuelves a sentir algo -comentó Bipa, cáustica-. Espero que el lote de sensaciones incluya también una pizca de remordimiento.
-Oh, sí, no lo dudes -respondió Aer muy serio-. Remordimientos y otras cosas que no había experimentado antes. Por ejemplo, hay algo que me muero por hacer.

Bipa puso los ojos en blanco.

-¿Otra de tus geniales ideas? Pues mira, yo ya he tenido bastante. Si quieres hacer experimentos, te las tendrás que arreglar solo, porque yo no pienso volver a meterme en líos por tu culpa.

Aer hizo una mueca de decepción.

-Pues es una lástima -aseguró-, porque sin ti no será ni la mitad de interesante.

Y la besó sin previo aviso. Bipa se quedó de piedra al principio, y sin aliento después, pero debió de considerar que el nuevo <<experimento>> de Aer no debía de estar tan mal después de todo porque le permitió finalizarlo, mientras su corazón latía como un Ópalo en llamas.

Y, entonces, tras muchos milenios cubriendo el mundo, sobre ellos se abrieron las nieblas por fin, y revelaron un luminoso círculo rojo, clavado en el firmamento como un ojo espléndido  y vigilante.

                   






                                "La Emperatriz de los Etéreos", Laura Gallego




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