miércoles, 2 de enero de 2013

Efecto a lo Hada Azul de Pinocho

Sus párpados están cerrados, tan magníficamente cerrados. Es un momento de una serenidad apabullante.Toma un engranaje entre sus dedos índice y pulgar, suavemente, sin ralentizar su funcionamiento. Una marea de lágrimas sube de un solo golpe y me sumerge. Suelta su sutil presa y los grifos de la melancolía dejan de manar. Miss Acacia acaricia un segundo engranaje. ¿Me estará haciendo cosquillas en el corazón? Río ligeramente, apenas una sonrisa sonora. Entonces, sin soltar el segundo engranaje con su mano derecha, vuelve sobre el primero con los dedos de la izquierda. Cuando me aprieta con los labios hasta los dientes, me produce un efecto a lo Hada Azul de Pinocho, pero más verdadero. Salvo que no es mi  nariz lo que se alarga. Ella lo siente, acelera sus movimientos, aumentando progresivamente la presión sobre mis engranajes. Ciertos sonidos se escapan de mi boca sin que pueda detenerlos. Estoy sorprendido, molesto, pero sobre todo excitado. Se sirve de mis engranajes como si fueran potenciómetros, mis suspiros se transforman en gemidos.

-Tengo ganas de tomar un baño -murmura.

Hago seña de estar de acuerdo; no me imagino con qué no iba a estar de acuerdo, por otra parte. Brinco sobre los dedos de mis pies para ir hasta el baño y llenar una buena bañera con agua muy caliente.

Procedo despacio, para no despertar a Brigitte. La pared de la habitación linda con la de su dormitorio, se la oye toser.

Los reflejos plateados dan la impresión de que el cielo y sus estrellas acaban de caer en la bañera. Es maravilloso ese grifo ordinario que esparce blandas estrellas en el silencio de la noche. Entramos delicadamente en el agua, a fin de no salpicar esta delicia. Somos dos gusanos estrellados de gran formato. Y hacemos el amor despacio; somos los amantes más lentos del mundo, apenas nos rozamos con nuestras lenguas. El chapoteo del agua le haría a cada uno creerse dentro del vientre del otro. Rara vez he sentido algo tan agradable.

Murmuramos chillidos. Hay que contenerse. De repente, ella se alza, se da la vuelta y nos convertimos en animales de la selva.

Termino cayendo cuan largo soy, como si acabara de morir en un western y ella se pone a gritar muy flojito. El cuco suena al ralentí. Oh, Madeleine...

Miss Acacia se duerme. La contemplo durante un largo rato. La longitud de sus pestañas maquilladas acentúa la ferocidad de su belleza. Resulta tan deseable que me pregunto si su oficio de cantante no la habrá condicionado hasta el punto de posar para pintores imaginarios incluso en pleno sueño. Parece un cuadro de Modigliani, un cuadro de Modigliani con una hermosa mujer que ronca un poquito.

Su vida de pequeña cantante que sube y sube retoma su curso desde la mañana siguiente, con su manojo de gente, especie de fantasmas de carne, deambulando a su alrededor sin función precisa.

Toda esta fauna perfumada me asusta más que una manada de lobos en una noche de luna llena. Todo son falsas apariencias, palabrería más hueca que un panteón funerario. Aprecio la valentía que tiene de nadar por encima de ese torbellino de barro y oropeles. 





                           "La Mecánica del Corazón", Mathias Malzieu

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