lunes, 31 de diciembre de 2012

Medias Rojas (I)

Recojo con los dedos el azúcar que queda alrededor de tu taza de café. Sigues con la mirada fija en el periódico, yo aprovecho y te echo miradas furtivas. Levantas la vista. Mi mirada retrocede hasta observar mis medias rojas a la altura de las rodillas. Se me rompe de nuevo el corazón. Ojalá llorase, pero secaste todas mis lágrimas con todos tus ‘No, lo siento’. La que más lo siente soy yo, era yo la que se arriesgaba, la que seguía soñando con katanas, la que quería ser el reloj que te reparase al completo. Pero ya todo eso no importa. Me levanto de la mesa y me dirijo hacia la salida, sabiendo que me observas, por eso hago que las botas de cuero resuenen duramente contra el suelo de moqueta. Era YO la que te tenía que salvar. Me fumo un cigarro mientras pienso, sentada en la acera. No, no soy perfecta, soy la chica que cambió su vida por ti, la que arriesgó su vida por una sola mirada tuya, la que estropeó lo que teníamos. No fui la novia cadáver, fui la chica con problemas. Fui el humo de tus cigarros, fui la que se acurrucaba contra ti en la cama después del sexo y pensaba en lo perfecto que era todo eso, fui la que guardó tus secretos, la que te vio crecer como persona. Sabía que eras tú, pero no supuse que desaparecerías. Y es que a veces te mataría, y otras en cambio te quiero comer. Realmente, merecía la pena. El cementerio, la Cascada, el prado secreto, el velódromo, la cama de hierro, tu cama, mi cama… Todo eso era nuestro, y lo seguirá siendo. Porque igual que no estás a mi lado, estoy en tus brazos marcada de por vida, al igual que en tus labios. Ahí cobro vida.

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