lunes, 31 de diciembre de 2012

Collection of little Blood: Timing Is Crucial – XI


Estamos caminando por el infierno. En la parte superior (esto es como una caverna, más o menos), es decir en el techo hay como fuego, lava. Y el suelo está cubierto por agua cristalina que me llega por la rodilla. Temo humedecer las páginas de mi diario. David encendió una antorcha antes de adentrarnos por la estrella, pero nada más entrar en la caverna y tomó contacto con el agua y se apagó. Pero no hace falta, tenemos fuego sobre nuestras cabezas, y aquí el calor, es insoportable. Antes, tenía miedo, y se lo dije a David. Y algo se movió. Y me asusté aún más. Pero David me tranquilizó:
            -Gatos, gatos, gatos… solamente hay gatos negros.-me dijo él.
            -¿Qué clase de lugar es este? ¿Qué clase de lugar es el infierno?-pregunté más que atemorizada. Hasta que David se tocó el corazón, entonces me asusté más, pues su cara era una real mueca de dolor insoportable.
            -¿Sientes mi dolor en tu alma? ¿Puedes respirar?-preguntaba él. Sentía latigazos en el corazón, en el alma, y no respiraba
            -Sí, lo siento; y apenas respiro. Creo que estamos muertos, pero no estoy segura.-Sí yo estaría verdaderamente muerta, habría vuelto a aparecer junto a la entrada del mundo muerto e incoloro.-Todo es más oscuro que mi pasado… ¿David, dónde estamos?-y ante aquel chispazo de metáfora, David se me quedó mirando, y yo me palpé las sienes. Volvía a recordar todo. TODO. Aún así, David respondió a mi pregunta.
            -Bajo tierra; bajo tierra con los negros y salvajes gatos, con vampiros y brujas… y creo que hay demonios intentando apoderarse de nuestros corazones, pero para eso leí un contrahechizo, debemos escribirnos esta frase en la piel “Nada dorado puedo irse o permanecer”.-Hice lo que dijo con mi bolígrafo en su piel y en la mía, y noté cómo la presión de nuestros corazones disminuía mientras íbamos avanzando.
            -Recuerda esto, May: “El dolor de nuestros corazones es la dulzura de su sonrisa.”-asentí con la cabeza pensando en cosas felices. Hasta que llegamos a una enorme puerta negra, la cuál David abrió, y nos colamos.

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