jueves, 27 de diciembre de 2012

Collection of little Blood: Nice Thick Feathers – Autobiography VIII


David ha insistido en acompañarme. Es cómo un guardián. Bueno, al menos he encontrado el maldito río dónde me encontré con Miss Fatcat por primera vez. Pero no recuerdo si había que seguir la dirección norte, sur, este, oeste, noreste, noroeste, sureste o suroeste. Estoy hecha un lío. Un gran lío. Escribiré después más avances de la situación desesperante en la que me encuentro. Disculpe usted, en la que nos encontramos.*

Media hora sangrienta después.

David y yo hemos discutido. Él estaba totalmente convencido de que no existía April Fatcat. Y yo sé que sí existe, y como los dos somos muy cabezotas, pues hala… Nos hemos dado una buena paliza. 
Yo empecé golpeándole, él me dio patadas, y el resumen es que yo acabe arañándole y él a mí mordiéndome. Y tengo sangre por los hombros y el pecho. Sus dientes están más afilados de lo normal. Y su sangre está espesa, y es negra, cómo tinta. Su sangre no se me va a ir muy pronto de mis afiladas uñas. 

Pero mientras nos peleábamos echamos a rodar colina abajo, y milagrosamente encontramos la casa de Miss Fatcat. Es la única casa en millones de kilómetros a la redonda. Bueno, llamamos a la puerta y nos abrió una chica morena – a la que, por cierto, le faltaban misteriosos trozos de piel en el rostro-. Creo que era una criada. Me sorprende el nivel económico que posee Miss Fatcat en este mundo, pues apenas hay cosas interesantes y COLORAS

Bueno, la casa de April es increíblemente grande. Hay infinitos dormitorios, en el que creo que acoge a muchos zombies y muertos. Fatcat acababa de salir de la ducha cuando llegamos, y nos acogió amablemente. Le gustó mucho el comportamiento y la historia de David. Después de que nos invitara a una taza de “té”, le expuse mi propuesta. Ella lo meditó un rato, suspiró y nos contó que ella llevaba tiempo queriéndose mudar a una casita de campo, pues dónde estaba situada estaba más o menos cerca de allí, pero al estar cerca del límite con la barrera de los vivos, había algo de color en los campos y en los árboles, y en la hierba y en las flores. 

Cuando oí que decía que nos regalaba su refugio-mansión victoriana, me puse a hacer piruetas y acrobacias a lo chearleader.  Me dijo que el último piso estaba restringido para todos a excepción de David y yo. También la casa trae incluida a Alicia, la criada. Su cara me suena mucho. Pero todo aquí me suena demasiado, y a veces me gusta pensar que todo esto es tan sólo un mal sueño. David y yo tenemos que ocuparnos de los refugiados, es decir, tan solamente curarles, supervisar a Alicia y controlar la lista de refugiados. Aparentemente fácil, pero apenas tendremos tiempo para nosotros dos. Estoy cansada por este “día” agotador. Mañana al “amanecer” partirá Miss Fatcat hacia su casa de campo. Ha dicho que nos dejará un mapa –pero que lo dejemos a buen recaudo- y que de vez en cuando vayamos a visitarla.

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